En julio de 2015, Denise estaba en Hawai de vacaciones con amigos de la universidad, celebrando su cumpleaños 60. Al secarse en la playa, notó lo que parecía un moretón en su seno izquierdo. No se preocupó mucho; sus amigos y ella habían estado esnorqueleando, esquiando y escalando volcanes. Seguramente se había golpeado y no se había dado cuenta.
Nos adelantamos hasta agosto de 2016, cuando Denise se enteró de que tenía cáncer lobulillar de mama en etapa IIIA. De inmediato, su marido y ella entraron en una modalidad intensa de investigación, leyendo sobre estrategias de tratamiento, descubrimientos vanguardistas, recurrencia y estadísticas de supervivencia, la información que necesitarían para las múltiples decisiones complicadas que debe de tomar un paciente con cáncer. Después de algunas semanas, empezaron a establecer un plan que creyeron que maximizaría las probabilidades de supervivencia de Denise.
Para setiembre, Denise estaba recibiendo un inhibidor hormonal más una pastilla de quimio, una terapia diseñada para reducir el tumor y suprimir las hormonas que permiten que algunas células de cáncer de mama proliferen. También decidió adoptar una dieta cetogénica en un esfuerzo tanto para negar al cáncer su primera fuente de combustible como para perder peso. Con 1.57 metros de estatura, Denise pesaba 101 kilos. Su investigación le mostró que la grasa misma, especialmente la grasa abdominal, era su primera fuente de hormonas promotoras del cáncer. Había leído el hecho aterrador de que las mujeres que no bajaban de peso a un rango saludable tenían un índice mucho más alto de recurrencia y muerte prematura.
Denise empezó a trabajar con Miriam Kalamian para desarrollar un plan adecuado para manejar el cáncer de mama. En su caso, eso también significaba limitar los productos lácteos ricos en estrógenos, así que Denise adoptó una dieta cetogénica baja en calorías y ligera en lácteos.
Como Denise lo expresa: “Me encantan los carbohidratos, pero cuando me enfrenté con mi propia mortalidad, amé más a mi marido y a mis hijos. Y necesito estar aquí para cuidar a mi madre, quien tiene Alzheimer”. Se adaptó fácilmente a su nuevo plan: huevos para desayunar, aguacate con tocino para comer, cinco cuadritos de chocolate amargo (endulzado con stevia) como colocación, y ensalada, champiñones salteados y proteínas a elegir en la cena. Lo completaba con mazamorras o almendras y coco de postre. En los restaurantes ordenaba salmón, brócoli y una ensalada. En lugar de puré de papa de Navidad, sirvió puré de coliflor con mucha mantequilla y a todos sus invitados les encantó:
Denise añadió: “Seguí con mi vida y creo que verdaderamente estoy alargándola con mis elecciones de alimentación. He bajado 34 kilos. Me siento sana y energética”. Incluso estando en quimioterapia, retomó sus clases de danza y aerobics. Su patrón de sueño mejoró, y como ella comenta: “Me veo muy bien: Y mi marido bromea diciendo: “Luchar contra el cáncer te sienta bien”.
Conocía bien las dietas, así que Denise estuvo muy contenta cuando descubrió que los antojos y el hambre, las pesadillas de sus pasados esfuerzos para perder peso, desaparecieron en 10 días más o menos, y después de eso, seguir su plan fue bastante fácil. Sí advierte: “Si haces trampa, debes pasar por esos mismos 10 días tan difíciles de nuevo. No lo vale”
Con algunas excepciones, Denise siguió su plan a través de una ronda de radiación, añadiendo un ayuno intermitente para reducir los efectos secundarios del tratamiento y aumentar la sensibilidad del cáncer a la radiación. Lo hizo no comiendo durante casi 16 horas antes de cada tratamiento. Bebía mucha agua para mantenerse hidratada, pero mantenía su consumo de alimentos en una ventana de cinco horas en la tarde.
Después del tratamiento, una mejor dieta, una mastectomía y radiación, Denise esta considerada libre de cáncer. Pero como sucede con todas las sobrevivientes del cáncer de mama, su riesgo de recurrencia del cáncer de mama, se considera alto, así que Denise probablemente seguirá tomando un inhibidor hormonal durante cinco a siete años. Ella también planea seguir con la dieta cetogénica al menos durante ese tiempo. Su lógica: “Mientras esté matando de hambre a cualquier remanente de cáncer sin darle hormonas, ¿por qué no habría de matarlo de hambre de azúcar y carbohidratos también? Un mantenimiento preventivo parece crucial. ¡No quiero tener que pasar por esto otra vez!” Los esfuerzos de Denise han tenido éxito en muchos frentes. ¿Por qué no querría permanecer en un plan que le funciona?
